Resumen de «Campos de fresas»

Campos de fresas

Campos de fresas es una novela de corte realista que aborda el mundo de las drogas y su relación con la juventud española de los últimos años. Fue escrita originalmente en catalán por Jordi Sierra i Fabra. La primera edición se realizó en 1997, a cargo de Ediciones SM, y se convirtió en un éxito de ventas. Acumula ya más de 10 ediciones.

Toda la historia se desarrolla durante dos días e involucra los problemas típicos de la adolescencia moderna: faltas de autoestima, problemas amorosos, indecisión, desórdenes alimenticios y, por supuesto, el tema de las drogas. También plantea la influencia de los medios de comunicación en la vida cotidiana de la gente.

La historia de Luciana

Luciana Salas es una joven de 18 años que, como cualquier otra persona de su edad, suele salir a divertirse con sus amigos. Todos consideran que Luciana es una chica responsable, buena estudiante y estupenda jugadora de ajedrez. Tiene una relación muy especial con Eloi, y cuenta entre sus mejores amigas con Cintia y Loreto.

En una de esas salidas, típicas de los viernes, Luciana consume una pastilla de una droga de diseño y cae en coma. Durante todo el tiempo que ella se encuentra en ese estado, en su mente se desarrolla una partida de ajedrez que recrea su lucha contra la muerte.

El libro comienza con una llamada telefónica, mediante la que se informa al Sr. Salas, padre de Luciana, de que su hija está en el hospital. Los médicos intentan averiguar qué le ocurre a la muchacha, pero son los amigos de ella quienes revelan que ha ingerido alguna droga. Ellos le explican al Dr. Pons las características de la pastilla que tomó y este averigua que se trata de una droga llamada Eva.

La búsqueda de Poli

El siguiente personaje involucrado en la historia es Vicente Espinós, un inspector que lleva tiempo dándole cacería a un distribuidor local conocido como Poli. Tanto la policía como los médicos tienen interés en encontrarlo: para unos, lo ocurrido es la prueba que necesitaban para encerrar a Poli; para los otros, es necesaria una muestra de la droga que les permita usar el tratamiento exacto.

Eloi, que también está intentando localizar al distribuidor de drogas, contacta con Raúl, un amigo que conoce a Poli, que fue quien compró las pastillas. Por su parte, el vendedor se ha enterado del caso de Luciana y está preocupado. Sospecha que lo pueden vincular.

Luciana, a pesar de estar en coma, escucha y tiene consciencia de lo que ocurre a su alrededor, aunque no pueda expresar nada. Su partida de ajedrez continúa normalmente, pero un día sufre un espasmo muy doloroso, que debe ser controlado médicamente.

Por otro lado, Loreto, que no ha podido ir a ver a su amiga, sufre bulimia. Se recrimina haber abandonado a Luciana en un momento tan duro. Está casi raquítica; sin embargo, ve a una gorda en los espejos. Cuando por fin logra visitar a su amiga, le promete no vomitar más a cambio de que no muera. Luciana la escucha atenta.

Tras el episodio de los espasmos, a los padres de Luciana se les plantea el tema de la donación de órganos. Ellos deciden discutir el asunto. Lo hacen delante de ella, que escucha todo. Luciana sigue jugando su partida de ajedrez y se da cuenta de que puede optar por entregarse a la paz de la muerte o, al contrario, puede luchar y vivir, aunque lo último implica soportar dolor.

¡Jaque mate!

Mientras eso ocurre, tanto Eloi y sus amigos como el inspector Espinós andan detrás de Poli. Cuando los jóvenes lo alcanzan, en la discoteca Popes, la policía ya se encuentra también allí, de modo que Poli inicia una huida aparatosa, que termina cuando resbala y se rompe el cuello contra la acera. Las pastillas se derraman y caen por una alcantarilla. El agua se las lleva.

Sin embargo, logran rescatar una, que se disponen a llevar al hospital para salvar a Luciana. Ella, en su propio universo, ha decidido despertar y ganar la partida de ajedrez. Cuando llegan al hospital, Luciana ya le ha dado jaque mate a la muerte.